Mi primera aventura con una jaima en A Coruña

Siempre he sido más de escapadas improvisadas que de vacaciones planificadas, pero esta vez quise probar algo diferente. Llevaba tiempo con ganas de hacer una acampada en un entorno especial, y fue así como surgió la idea: ¿y si conseguía el alquiler jaima en A Coruña? No una tienda de campaña cualquiera, no. Una auténtica jaima, de esas grandes, con alfombras, cojines y farolillos. Un pequeño lujo bohemio en plena naturaleza.

Encontré una empresa que las alquilaba cerca de A Coruña. Me pareció perfecto: mar, monte y la promesa de dormir bajo un techo diferente. Reservamos una para el fin de semana y organizamos el plan con un par de amigos. El sitio elegido fue una zona de campo a las afueras, con vistas al Atlántico y lo justo de civilización cerca para no sentirnos completamente aislados.

El montaje fue más fácil de lo que esperaba, aunque necesitó su tiempo y algo de coordinación. Cuando la jaima estuvo lista, no pude evitar sonreír como un niño con juguete nuevo. Era preciosa: lona blanca, estructura de madera, interior decorado con telas de colores cálidos y una pequeña mesa baja en el centro. Nada que ver con las típicas tiendas de campaña donde terminas durmiendo encogido y rozando el techo con la cabeza.

La experiencia fue de lo más mágica. Por la tarde, nos sentamos fuera a ver la puesta de sol mientras cocinábamos algo en un hornillo portátil. Ya de noche, encendimos unas velas dentro de la jaima y nos tumbamos sobre los cojines, contando historias, escuchando música suave y sintiendo que, por unas horas, estábamos en otro mundo.

Dormir allí fue cómodo, incluso con el fresco gallego. La lona protegía del viento y el sonido del mar de fondo fue como una canción de cuna. A la mañana siguiente, desayunamos café caliente con vistas a un mar en calma, y todos coincidimos en que fue una de las mejores acampadas que habíamos hecho.

Alquilar una jaima no solo fue una idea original, sino también una forma de darle un toque especial a una escapada sencilla. Ahora que lo he vivido, estoy seguro de que repetiré. Porque no se trata solo de dormir al aire libre, sino de hacerlo con estilo… y en Galicia, eso siempre tiene un encanto especial.